8.12.12

Primera Carta a Miel (delirios)


Sabes, yo logro creer que lo único que quieres es que delire, como aquel día que te deje delirar en contra de tu voluntad

Puede que todo sea parte de un plan.
  • (a) Confundí a Lluigi con información confusa e incompleta.
  • (b) Darle tiempo para que dicha confusión hierva en su cerebro.
  • (c) Una vez el caldo esté a punto, confundirlo más con un poco de información, dispar e imprecisa.
  • (d) Esperar el tiempo necesario y ¡VOILA!

El delirio está servido


No me molesta, en lo más absoluto, ser un engranaje más en las maquinaciones de tu misteriosa, inefable, variable y grumosa consciencia.

Pero es curioso como esto ejemplifica muchas cosas de nuestra vida cotidiana. Como el conocimiento de algo no nos acerca para nada a controlarlo. Por más que sepa y entienda tu plan, no tengo la capacidad de salvarme de él.
Más allá... ¿Te das cuenta, mi querida Aromaz, la inestable e incierta naturaleza del conocimiento?
Todo lo que escribo, lo hago laborando bajo la idea que EXISTIÓ un plan. Evidencias, hay y a la vez no. Solo hay inferencia, subjetividad y humanidad. Pero sin importar esto, me aferro a eso que he establecido como mi sabiduría, lo hago no por deseo, sino por necesidad.

Necesidad de sentirme seguro, de creer que mis pies pisan suelo firme, en el que puedo bailar, acaecer, vivir y existir sin temor a quedar suspendido en el limbo de mi ignorancia, cegado por completo en la penumbra de la incertidumbre.
¿Somos cosas curiosas no?
¿Somos? Sí, indudablemente somos.
¿Creemos ser? Ese es el problema. Creemos ser, cuando deberías saber que somos.
Sabés Aromaz, acabo de darme cuenta de dos cosas. Mi cuenta que facebook tiene la peculiaridad de no desconectarme a personas que se han marchado hasta después de largo rato. Hace tan solo unos momentos, tú estabas conectada. Para mí, claro.
Es cierto para mí, hasta que mis sentidos me digan lo contrario. Hasta que vengas a corregir mis difusas realidades, cual tea que redime al explorador perdido en tenebrosas catacumbas.
Hasta que vengás tú, e ilumines mi mente, sabré...
¿Te fuiste hace mucho? ¿He sido engañado?
Benditas incógnitas, con respuesta ambigua. Condenada certidumbre que satisface al hombre como la luz llena un pozo.
Lo abarca, pero no lo abastece.
Sabemos, pero no nos saciamos.
Por eso, no queremos saber. Queremos conocer. Es más fácil, más liviano. Más tolerable, más dependiente.
¿Sabías lo fácil que es ser bondadoso?
Es fácil, porque existen lineamientos, paradigmas. Estolas y caravanas, listones y timbales, listos para guiar el camino de la bondad.
Fácil porque tiene efecto. Porque se siente, porque se vive.
Buscamos esas cosas. Cosas que son en comparación son labores titánicas, pero en esencia, para el espíritu humano, son las más básicas del mundo.
Somos vulnerables, claro, pero lo somos menos cuando entregamos ese algo. ¿Curioso, no?
Entregamos nuestra vulnerabilidad a nosotros, a nuestro esfuerzo. A nuestro raciocinio, nuestra fe. Nuestra vida, nuestras ideas. Lo hacemos porque al hacerlo, nos formamos. Al hacerlo, damos sentido. Nos definimos
¿Aromaz estás ahí?
Si lo estás lo siento.

Por todo. Por la imprudencia de dejar que mi humanidad llegue a ti. Creo que la Humanidad me sorprende tanto como me repele. Se sosiega tanto como me solapa. Uso demasiada esa palabra, pero si lo piensas, tanto como una computadora son solo muchos 0000100101111001001 trabajando, todos nosotros somos humanidad Humanidad HUMANIDAD humaNIdad UmanHidad... repetido un millar de veces, con flujos, con variaciones, con falacias, rencores, caídas, colapsos.

Con los ocasionales virus, con los ataques cibernéticos. Con los usuales intrusos, con las complicadas operaciones. Con los fallos, los congelamientos, las inutilidades, los gastos. Con los usos y desusos. Y sobre todo con fecha de expiración.
En todo caso, lo siento Gaby. Siento si esto te aturde, si te asusta, si te reprime o compele.
Perdón si esto agudiza algún potencial dolor de cabeza, pero debo confesar que alivia el mío... El egoísmo nunca fue mi fuerte, pero si mi constante.
Pero sobre todo, siento mucho.




Escrito, más merecedoramente que muchas otras cosas, por Luis Fuentes.
(Inspirado por Aromaz.prejueves)