23.2.13

3:11 a.m.



(Típico, otra entrada de madrugada)

Despertar.

Y perderte en esos hermosos, hermosisismos, preciosos e incocatenables segundos en los que no existís,
en los que la existencia es nula y vacía, pues ser no es tan importante como saber.

Y perderte en la enajenación de re-conocer el mundo. En ese impulso reflejo de buscar la claridad, de dejar el Yo por el yo.

Y darte cuenta que lo minusculo de tu vida, de tu vahído, del viven inevitable de pormenores y pormayores, vale la pena.

Y sentir el apremiante peso de la razóndeser.

Y sentir el peso apremiante de la razóndeser.

Y apremiarte con el peso.

Porque lo querés, porque la sabés. Porque la si bien la existencia no fue adrede, la Vida puede serlo. Porque nada mejor que perderte entre realidades, entre la Tuya y la tuya, para saber qué prefieres.

Saberte listo, dispuesto, optimista, lleno, pleno, laudable, ideal, memorable.
De creete suficiente. Real. Sustentable. Sustancial.

 Y luego, Despertar.


15.1.13

¿Cómo?

No sé. 
¿Cómo llegamos a poner la lectura en un pedestal tan alto? 
Es decir, tiene ahora su subcultura que lo trata como la experiencia más gloriosa de la existencia humana, que le atribuye propiedades cuasi-divinas.

No niego, por un momento, lo magnifico que es. Muchas veces me adscribo a esa tendencia, porque muchas veces siento que es cierta. Eso no es lo que me llama la atención.

Lo que me da curiosidad, es como llego a ser algo tan raro. Algo que se asemeja a un secreto o don, algo especial y único. Llegamos un punto de nuestra existencia, en lo que algo que a mi parecer debería ser un habito indispensable, inamovible y fundamental entre todos nosotros, se vuelve una especia de actividad mitológica o mágica, por lo rara que es. ¿Tan mal estamos? ¿Tan entumecidos con placeres artificiales efímeros, que no sabemos dedicar el tiempo a algo un poco más útil?

Es que la lectura es increíble, en su capacidad de enseñar y entretener, en dar la capacidad de pensar e imaginar, de estimular y desarrollar cognitivamente... ¿Y lo dejamos ir? Me es desconcertante. Es como si hubiesen descubierto la rueda, y comprobado su eficiencia y utilidad... y aún así se dejase de lado.

Nosotros, los humanos, somo definitivamente ridículos. Somos una ridícula ironía